Tenemos Vocación y facturas que pagar

Publicada el 22 enero, 2012

Ambito: Asturias.

Suman más de 12.000 profesionales con un elevado grado de compromiso y han escuchado decenas de veces «la misma cantinela» de boca de quienes gobiernan, sean del signo que sean: eso de que son la pieza clave del puzzle educativo. Que, sin su entrega, nada funcionaría. Que en sus manos está el futuro de la sociedad asturiana. El futuro. Una pesada responsabilidad que, igual que las palabras, se irá con el viento si, como advierten, no se acompaña de una apuesta decidida por la educación por parte de los mismos que les lisonjean en cada acto institucional.

«Nos piden vocación y la tenemos. Y también facturas que pagar», resume José Luis Martín -profesor de Dibujo con plaza fija en el Instituto de Enseñanza Secundaria gijonés Doña Jimena- la encrucijada en la que se encuentran los docentes de la región, que, además de sufrir los tijeretazos al sector público orquestados por el Gobierno central, han empezado a ver cómo sus compañeros de Madrid, Castilla-La Mancha, Galicia, Cataluña o Navarra pagan las consecuencias de la crisis en forma de ampliación de horas lectivas o drásticos recortes de plantilla que, según las estimaciones del sindicato mayoritario, Suatea, han supuesto ya la pérdida de 10.000 empleos. A diferencia de lo ocurrido en esas comunidades, en Asturias los docentes aún no han salido a la calle, pero, en previsión de que lo peor está por llegar, Suatea ha anunciado ya una gran movilización «preventiva» en defensa de la escuela pública, que asume el 70% del alumnado y el 80% de los inmigrantes.

«La clave está en los presupuestos» del Ejecutivo de Foro Asturias, apunta Martín. Unas cuentas educativas que ascienden a 799 millones, lo que representa un incremento del 1,9% y que al docente gijonés no le disgustan en líneas generales. «El problema es si se van a probar o no, porque, si uno de los principales logros de este Gobierno ha sido poner de acuerdo a PSOE, PP e IU, puede conseguir casi cualquier cosa. Viendo eso, todo lo demás puede ser factible».
En todo caso, añade Sergio Cantora, profesor de Educación Física en el IES David Vázquez Martínez de Pola de Laviana, «los grandes perdedores volverán a ser los interinos». 1.800 trabajadores como él.

Pendientes de un hilo
Yendo a los números, las cuentas de Foro recogen un bajón de alrededor de 9,5 millones en las partidas dedicadas al trabajo temporal y eso, sospecha Cantora, no hace presagiar nada bueno: «La cosa pinta muy negra. Muy negra. Creemos que nos van a recortar por todas partes. Igual que están haciendo en otras consejerías».

Es «la pescadilla que se muerde la cola», según este joven que lleva tres años en la docencia, inquieto también por «el trasvase de fondos a la concertada»: «Yo no estoy en paro, pero me siento como uno de los 5 millones de españoles parados. Con un futuro incierto, porque no sé que va a ser de mí el año que viene. Si les da por recortar y no hay dinero, no trabajaré. Yo nunca puedo tener una casa, nunca puedo tener un coche, nunca puedo tener nada porque igual el año que viene no tengo dinero para pagarlo. Los interinos siempre estamos pendientes de un hilo».

«La situación es de cierta incertidumbre y de miedo a que los recortes, que ya se han notado, se conviertan en algo mucho más fuere», subraya Concepción Pérez, 34 años, seis en la docencia: «Por un lado, los profesores interinos no sabemos si vamos a poder trabajar o si no. Y los que sí tienen la plaza fija también están preocupados porque si no les envían el personal que necesitan no saben cómo se van a poder gestionar los centros».

El resultado «es evidente», según esta profesora de Filosofía en el instituto ovetense de La Corredoria que cuenta que las horas que pasa en clase son sólo una parte de un horario que continúa en casa: «Al final, el que se resiente es el alumnado, la calidad de la enseñanza. Porque no es lo mismo atender a 25 que a 30 que a 40». Y programas como los de refuerzo. Al igual que muchos de sus colegas, con la convocatoria de oposiciones de Secundaria en el aire, ella tiene una sensación recurrente: «Que los que gobiernan no piensan en los que de verdad tenemos idea de lo que ocurre».

Luego está el desprestigio. Que también pesa. Mucho. «Y que cada vez cuesta más enseñar porque tanto profesores como padres consentimos demasiado», admite Pablo Blas, docente de Matemáticas con plaza en el IES El Batán de Mieres.
Blas tiene claro que «se pasa peor ahora que antes. Antes, un profesor que no supiese imponerse era capaz de dar una clase. Ahora no». Y, por eso, él no recomienda la profesión «a nadie que no tenga vocación»: «Conozco casos de personas que llegaron a la docencia después de atravesar coyunturas laborales complicadas que lo pasan muy mal. Si esto no te gusta, no vas a pasarlo bien aunque tengas tres meses de vacaciones. Ni aunque tuvieras nueve». Vocación y facturas.

A pesar de todo, hay aún quien habla de futuro. Como Beatriz Cimadevilla, profesora en la Escuela de Arte de Oviedo: «Tengo confianza en que la gente que está en el poder luche por el futuro de este país».

Fuente: elcomercio

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