Interinos de enseñanza: En defensa de nuestra dignidad

Publicada el 26 marzo, 2013

M. Gimeno y otros interinos de enseñanza.
Llevo días leyendo que “hay interinos indignos del puesto que ocupan dado que no aprobaron las oposiciones”. Esta es la excusa para “reordenar” las bolsas de trabajo de enseñanza.

Esta medida supone un DESPIDO MASIVO de unos 7.200 profesores y afecta fundamentalmente a las personas más mayores, las que más experiencia tienen, y por ende, más trienios, ¿es ésta la causa del despido o el intento de desprestigiar la enseñanza pública?
No puede ser casualidad que se anuncie al mismo tiempo esta medida y que en las oposiciones los méritos contarán menos.

Se librarían por una convocatoria de oposiciones unas 1.200 personas que aprobaron un examen de oposiciones de los tres que consta, siempre y cuando dicho examen fuese eliminatorio. Tendrían una convocatoria de oposiciones para aprobarlas (dos en caso de primaria), y en caso contrario, saldrían de la bolsa de trabajo y se les avisa con 3 meses de antelación al examen.

Con la primera propuesta de la Consellería, saldrían directamente de la bolsa otros 1.200 que aprobaron un examen, pero en unas pruebas no eran eliminatorias. No parece lógico.

Quedarían también fuera aquellos a los que deliberadamente se evitó que llegaran a 5 para no tener que baremar, los que aprobaron otras oposiciones de otra especialidad relacionada con la bolsa que les da trabajo; o se olvida que muchos tribunales fueron a la caza del interino cuando, no les gustaba que contasen sus méritos, o por entender que no necesitaban aprobar oposiciones.
Técnicamente no sería un despido, pero es peor que eso, dado que las personas afectadas se verían sin trabajo y sin indemnización por despido posible.
Como se les ha enviado al paro en las vacaciones, estos meses habría que descontarlos del paro restante y aquellos que, teniendo un tiempo parcial, completaron el sueldo con la prestación de desempleo, la habrían consumido todo este tiempo como si estuviesen parados.

Parece como si los interinos fuésemos personas incompetentes que hemos estado trabajando durante años sin tener derecho a ello. A esto, cabe argumentar desde dos vertientes: la profesional y la personal.

Desde el punto de vista profesional, cabe decir, que los primeros de la lista, los más afectados, entraron por M-É-R-I-T-O-S. Nadie abrió la puerta para que entrase todo el mundo y fue en una época en que el paro superaba el 20% y los intereses eran mucho mayores que los actuales, por lo que nadie les regaló nada. Pero hay una diferencia con respecto a entonces: no teníamos la percepción, como ahora, de que nos precipitábamos al abismo.

Baremaron notas de la carrera, idiomas, cursos de especialización, publicaciones? Con el nuevo criterio, un joven que se dedicó a la investigación en lugar de preparar oposiciones o un excelente alumno de carrera sería ahora un “indeseable a eliminar”.

Es curioso que un partido que defiende lo privado, no vea que en la empresa privada, donde lo que se persigue es la efectividad, no se examina a los aspirantes, sino que se les valora el currículo, la disponibilidad, la fidelidad, la versatilidad, la experiencia y la dedicación al trabajo, algo que sobradamente hemos demostrado tener. Los que no aguantaron el sistema, lo abandonaron.

Por consiguiente, los interinos no son unos ineptos. Sería tanto como decir que los millones de trabajadores que acceden a su puesto de trabajo sin pasar por examen son unos incompetentes.

Este sistema se consideró válido durante años. De no ser así, no lo hubiesen aplicado. Por ende, era el único que había.

A partir de un determinado momento, se entró en bolsa por nota de examen de oposición, por lo que los que se incorporaron por este último sistema están menos afectados actualmente.

Una vez empezamos a trabajar, nos adaptamos al sistema que había con las normas existentes. Nos especializamos en dar clase cada año en un sitio, impartiendo unas asignaturas diferentes, con un libro y unas reglas de Centro distintas. Somos quienes impartimos aquellas asignaturas que no son de nuestra especialidad, lo que es bastante frecuente, en especial ahora que Consellería opina que “favorece a los alumnos (¿?) el hecho de que un mismo profesor imparta varias asignaturas al mismo curso”. Todo esto conlleva un esfuerzo extra de preparación.

Lo que para un desplazado es un drama para nosotros es la norma, y todo esto lo hacemos por un sueldo inferior al del funcionario de carrera, dado que no cobramos sexenios y los trienios hace poco que se reconocieron.

Hemos impartido las clases que los demás no querían dar con el horario que más incómodo. Hemos sido los que hemos aplicado la reforma cuando a los demás les resultaba incómoda darla, hemos trabajado en los cursos de los alumnos más difíciles, hemos impartido las clases en valenciano por más castellano-parlantes que fuésemos, cuando había funcionarios de carrera que lo hablaban y no se atrevían a hacerlo.

No es cierto que trabajemos al lado de casa. Por el contrario, solemos compartir hipoteca con el alquiler otra vivienda o hacemos kilómetros y kilómetros todos los días malgastando muchas horas en el camino. Esto es algo compartido por los funcionarios de carrera, pero a diferencia de éstos, no nos acercamos nunca a casa, más bien ha sido todo lo contrario.
Los más cercanos a su lugar de residencia son los que trabajan a tiempo parcial, lo que no es lo más recomendable.

Los más antiguos han aparecido en el Centro de trabajo el mismo día que recibían un telegrama. No tenían derecho ni siquiera a la parte proporcional de vacaciones en caso de sustitución.

¿Seríamos mejores profesionales si en lugar de centrarnos en nuestros alumnos nos dedicamos a preparar oposiciones? De ser así, ¿por qué cuando solicitábamos trabajo en un colegio privado nos pidieron que no nos preparásemos oposiciones?

Pero ahora, la experiencia más que un mérito es un descrédito. ¿Por qué? Además de dejarnos en la miseria ¿tienen que desacreditarnos? No nos merecemos este desprecio. No nos avergonzamos ni de la experiencia ni de los méritos que nos sirvieron para encontrar trabajo.

Las personas más afectadas pueden superar los 50 años y llevar más de 20 años trabajados. En cualquier caso, los 40 ya no los cumplen y esto es grave teniendo en cuenta que son profesiones en las que los aspirantes comienzan a trabaja maduros pues invierten años en formación. Dado que son los años que computan para el cálculo de la pensión, el paro significa “no salario y no pensión”.

¿Se imaginan lo que supone un despido a esa edad y con ese tiempo cotizado de miles de personas? ¿Están en la mejor edad para presentarse a oposiciones compitiendo con unos jóvenes con la carrera reciente? ¿Se imaginan a 7.200 personas de 45 a 60 años, todas ellas con la misma especialización buscando un trabajo?

Sorprende que, al mismo tiempo que se anuncian estos despidos, el Gobierno Central saque por decreto otras medidas “para disuadir a las empresas que los aplican” a la par que endurecen las condiciones para acceder al subsidio, el tiempo mínimo de cotización y amplían la edad para la prejubilación.

La segunda propuesta sólo salva a 700 más, lo que supondría un total de 5.500, dejando en la calle a 6.500 (un 54% de los 12.000 totales) y les daría una o dos oportunidades, según sea de secundaria o de primaria respectivamente, a aquellos que participaron en unas oposiciones no eliminatorias y aprobaron un examen, lo que hace un total de 2.400.

A pesar de todo esto, a nadie parece importarle. ¿Y después que vendrá? ¿Reordenaran a los funcionarios de carrera por nota de examen todos los años? ¿Descubrirán al cabo de 20 años que los que se quedan no entraron por un sistema adecuado y hay que eliminarlos?

Como en el caso de otros recortes, se aplica la técnica de los malos tratos: primero viene el maltrato psicológico y luego de da el palo. Pero en estos casos agravado por el hecho de que el desprestigio es público.

También sucedió en la bajada de sueldos de los trabajadores públicos, de la que los interinos han sido más afectados dado que además de esto, nos les ha enviado al paro en vacaciones. Para aplicarla sin remordimiento, se dijo que trabajaban poco.

Dicho esto, una ejecución masiva de miles de personas sería más benévola que este asesinato lento, con desprecio incluido, que nos dejaran en el umbral de la pobreza.

Fuente: levante -emv

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